Hola CANpañeros, mi nombre es Angie, y yo soy de las personas que llaman a sus perros “hijos” y los tratan como tales. Sé que hay ciertas diferencias con los niños, pero a la larga esa convivencia y ese amor devoto me convierte en lo que yo llamaría ‘ser una mamá’.
Desde el 2013 vivo con Sombra, mi enano peludo, cabezón y renegón, mi pequeño amoroso que me despierta a punta de lamidas insistentes, ese lindo ser que me hace sonreír, enojar, reír, llorar, querer ser mejor persona y aprender nuevas cosas. Eso para mí es amor de Madre, porque mi amor por él es incondicional, no tiene barreras, fecha, tiempo, nacionalidad ni colores, porque él me ha enseñado que no todo en la vida tiene que ser blanco o negro, sino que puede ser de los dos colores y ser perfecto.
Hace seis meses aceptamos darle temporal en casa a Sol y, aunque sé que ella se va a ir en algún momento, la trato con el mismo cariño y dedicación que a Sombra.
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Con Sombra y Sol

Ser mamá de un perro no es tarea fácil, comenzando porque tenemos que afrontar a muchas personas que no entienden que nosotras si somos madres, porque cuidamos, amamos, educamos y nos dedicamos a estos seres de la misma manera que cualquier madre.

Tenemos que estar atentas ante cualquier cambio de ánimo, temperatura, carácter, y conocer al milímetro todo sobre ellos: enfermedades, males, alergias y dolores; sin embargo, todo esto lo hacemos a simple intuición, porque como saben, los perros no hablan.
A quién no le ha pasado que conoce todos los gustos de su perro, reconoce lo quiere decir con cada mirada, sabe cuántos bigotes tiene, que formas tienen sus orejas, de qué forma camina, y tiene miles de historias de cada momento vivido con él o ella.
Cuántas de nosotras no se enternece mirando a su perro, quien así tenga muchos años o muy pocos meses, sea enorme o diminuto, peludo o calato, para nosotras siempre será nuestro pequeño, nuestro bebé, nuestro puchipuchi, o como cada una de nosotras lo quiera llamar.
A quién no le pasó durante una reunión en casa, que algún invitado dijo: “que feo huele…. habrá sido el perro” y tú lo excusaste diciendo “habrás sido tú pues”; pero en el fondo sabías que sí fue él, porque tú conoces sus olores.
Cuántas veces te paso que le dijiste a tu perro “te voy a soltar, pero esta vez no te alejes, yo confío en ti” y terminaste corriendo por cuadras con el corazón en la mano porque apenas lo soltaste salió disparado como un cohete. Tengo que confesar algo: ¡Seguirá pasando!
Somos conscientes que – en la mayoría de trabajos y familias – no nos van a celebrar el día de la Madre, ni nos van a dar permiso especial porque nuestro “hijo” está enfermo o tuvo una emergencia, pero también sabemos que – aunque muchas madres esperan 364 días para celebrar su día – a nosotras las madres peludas nos celebran todos los días y no solo una vez, sino por lo menos un par al día: cuando volvemos de la calle, cuando vamos a salir a pasear, cuando damos un poco de comida. Ese movimiento incansable de rabo, esa alegría que expresan con todo el cuerpo y esos saltos de felicidad, son totalmente retribuyentes y suficientes para sentirnos Madres.
Si ya te preocupaste por dar un remedio, así sea de madrugada, tú eres una Mamá.
Si ya estuviste horas de tu vida buscando la mejor comida y te apenaste porque no le gustó, tú eres una Mamá.
Si ya lo defendiste como una fiera mientras el mundo entero lo comparaba con otro perro más “bonito” o más “educado”, exclamaste todas sus virtudes y maquillaste todos sus defectos, tú eres una Mamá.
Si ya te disculpaste en nombre de tu perro porque hizo una travesura como romper el zapato de tu amigo, comerse el sandwich de tu prima, robarle las medias a tu esposo, o destrozar algo en la casa de tus padres, tú eres una Mamá.
Si ya te resignaste porque de todas maneras vas a llevar un par de pelos en tu ropa, tú eres una Mamá.
Mamá, no te aflijas si la gente no reconoce tu maternidad, pues ellos no conocen de ese amor, porque para tu perro eres eso y mucho más, eres su todo, su luz en la oscuridad, su manta cuando hace frío y sobre todo eres un ser mágico que ama con locura desde la nariz hasta el pelito más largo de su cola, porque así como tú lo conoces, él también te conoce, sabe cuándo estas llegando a casa incluso si se quedase ciego, porque él te huele y para él, tú tienes el mejor olor del mundo. Él reconoce cuando estas triste, así no se lo cuentes, porque, aunque ellos no entiendan nuestro lenguaje, saben que sus besos y sus mimos son el mejor remedio para hacernos sonreír.
Por todos esos mimos que les das y recibes, celebra hoy, mañana y cada día al lado de tu perro, porque es tu día Mamá y ellos lo saben.
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Ser mamá es la mejor aventura


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